R. Kotler

Diario de un Historiador

 
El recuerdo siempre de Abraham Kotler


Lun

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de

Diciembre

Angelita Nassif, el Recuerdo de una militante imprescindible PDF Imprimir E-mail
Escrito por Rubén Kotler   
Texto leído en el homenaje realizado a Ángela Nassif el 15 de octubre de 2008 en la sede de la FOTIA
 
Video con un fragmento del discurso puede verse AQUÍ
 
Hay hombres (y mujeres) que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles. – (Bertolt Brecht)

4 de octubre 2007, manzana de las Luces

Cuando en los primeros días de octubre de 2007 nos encontramos en un bar del centro porteño, todavía le acompañaban sus fuerzas. Estaba peleando contra una enfermedad que la encontró desprevenida y a la que estaba decidida a enfrentar de manera militante. Bromeaba con su enfermedad, sabiendo que le estaba haciendo frente con la actitud decidida de ganarle la batalla. Ella quiso que se organizara una proyección del documental y revivir personalmente alguno de las discusiones que en el largometraje se reproducían. Me insistió una y otra vez sobre la importancia que tenía para ella un debate que reviviera los días de La Cosechera. Ella se había perdido el estreno de El Tucumanazo el 13 de setiembre de ese año y no quería perderse la posibilidad de reestrenar el documental en Buenos Aires y reencontrarse con los viejos militantes setentistas.

El encuentro de Historia Oral llevado a cabo en la Manzana de las Luces fue entonces el marco en el que se volvía a exhibir El Tucumanazo, esta vez con la presencia de los entrevistados. Estaban casi todos: Carlos Zamorano, Juan Ferrante, Carlos “el Chino” Moya. El 4 de octubre Angelita también estuvo presente y dejó una vez más su testimonio en un improvisado taller de historia oral. Habló de la unidad en la lucha, aquella que manifestó como necesaria en casi toda la entrevista que le hicimos con Diego algunos años antes en la Quinta Agronómica. Unidad en la lucha que siempre pensó como única vía posible para transformar el mundo de manera revolucionaria. Pero más allá de las visiones políticas, con las que uno podía estar o no de acuerdo, Angelita excedió al Partido que la tuvo como una de sus principales actoras. Angelita fue mucho más que el Partido Comunista Revolucionario. Fue una ferviente defensora de los derechos humanos y esa militancia en las organizaciones me llevó a ella una vez más, días antes de su partida, para que volviera a dejar su testimonio, esta vez de su paso por la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, de la que fue una de sus fundadoras, y de su colaboración junto a Madres de Detenidos Desaparecidos de Tucumán en los meses previos y posteriores de la salida de la última dictadura militar.

Debo decir que si bien no he conocido mucho a Angelita, los pocos encuentros con ella me hicieron ver que estaba ante la presencia de una de esas militantes necesarias, imprescindibles, una de esas luchadoras de la vida. Recuerdo que días antes de la última entrevista que le hice en su casa, nos pusimos de acuerdo para procurar viajar a Simoca y hacer la entrevista junto a Carlos Soldati, a quien Angelita consideraba un compañero de militancia. Ambos habían sido parte del movimiento de derechos humanos que pelearon contra la impunidad en Tucumán y buscaron la verdad en los años más duros de la transición institucionalizada del país. Me insistió una y otra vez en la necesidad de juntarse con Carlos y recordar juntos, activar la memoria como compañeros de militancia y dejar testimonio. Las fuerzas le jugaron una mala pasada y no pudo concretarse el viaje.
 
Lo que si pudo hacer Angelita entonces es dejar su testimonio rodeada de sus seres queridos días antes de su despedida final, como si la presintiera, sacó fuerzas de donde no las tenía y me relató su paso por la Asamblea Permanente y la lucha que llevaron a cabo junto a Sara Mrad y Carlos Soldatti. Angelita fue parte de esa generación de los ’70 que creía en la posibilidad del cambio, equivocada o no en las formas y en los análisis, nadie discute el valor de su militancia, la humanidad de su persona y la generosidad con la que se entregó en las causas en las que militó. Su nombre hoy es recordado con mucho afecto incluso por quienes no compartieron sus lecturas, análisis y estrategias políticas, porque más allá de ser expresión viva del Partido Comunista Revolucionario, Angelita fue un ser que, como ya dije, lo trascendió. Incluso antes de su partida Angelita era nombrada con mucho afecto por quienes compartieron con ella parte de la militancia.
 
A un año de habernos dejado, el ejemplo que nos ha legado a los jóvenes de nuestra generación, hija de la dictadura, es el de la necesidad de buscar la unidad más allá de las diferencias para poder transformar el mundo, aún cuando esas diferencias parezcan insalvables. Esa unidad hizo posible la lucha en los años ’70 cuando los Tucumanazos ponían en jaque a las fuerzas del régimen en las calles tucumanas. Hoy, esta unidad a la que hacía referencia Angelita, se hace urgente y necesaria, ante el profundo avance de la derecha más reaccionaria, y esa unidad que ella propugnaba es la unidad de todo el campo popular en su conjunto. Quizás sea hora de buscar reconstruir la unidad de los años ’70 y volver a fortalecer al campo popular, de lo contrario toda la lucha de Angelita y la de aquella generación, si habrá sido en vano.


 

Historia y Memoria: TESIS DOCTORAL

En el País del si me acuerdo

Madres de Tucumán

 
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