R. Kotler

Diario de un Historiador

 
El recuerdo siempre de Abraham Kotler


Vie

19

de

Diciembre

Estar ahí PDF Imprimir E-mail
Escrito por Rubén Kotler   
Publicado en De Igual A Igual
A propósito del 19 y 20 de Diciembre
 
 
Todo historiador sueña con poder visitar la época que está procurando historizar. Quienes hacemos la historia del tiempo presente y creemos en la historia oral como posibilidad científica, tenemos la suerte de poder entrevistar a los protagonistas. ¿Qué sensaciones nos quedaría si entrevistáramos a un San Martín o a un Belgrano? Muy posiblemente dejarían de ser héroes impolutos y se convertirían en seres humanos plagados de contradicciones. Humanas contradicciones. Y para más ¿Si hubiéramos podido cruzar los Andes o encaminarnos en alguna de las batallas que libraron estos dos "soldados de la patria"? Para quienes además del espíritu inquisidor de los historiadores, tenemos la curiosidad de los periodistas, historia del tiempo presente se convierte en un interesante desafío que puede hacernos concretizar el sueño de estar donde la historia transcurre. Y si a esto le sumamos, las posibilidades que nos deja el trabajar emparejados con el cine, el resultado se hace más interesante todavía y el valor agregado de la difusión de aquello que se cuenta, se torna imprescindible para llegar con la historia a todos. Desde adentro.

2001, año del principio del fin
Diciembre de 2001. Argentina ardía al calor de las protestas contra el gobierno del presidente radical Fernando De La Rúa. Después de una dura jornada el 19 de diciembre el presidente anunciaba un "Estado de Sitio" para frenar la ola de saqueos que inundaba el país y sembraba caos y miedo en importantes sectores, sobre todo de clase media. Esa misma clase media, cacerola en mano, salió a la calle a decirle al presidente radical que no aceptaba el Estado de Sitio dispuesto. Eran los días del "piquete y cacerola, la lucha es una sola", eran los días del "corralito", de la presión peronista para volver al poder, de las luchas intestinas del poder dentro del poder para conseguir perpetuarse en el poder después del "que se vayan todos". Manifestaciones populares en la Plaza de Mayo habían conseguido que el mandatario renunciara.Y finalmente todos se quedaron.

De Historiadores I

Fue un viernes 21 de diciembre de 2001. Estábamos en la facultad de Filosofía con otros compañeros, como habitualmente nos ocurría, en una clásica tertulia de pasillo universitario. Sólo que esta vez la charla obligada era todo lo que había ocurrido en aquellas jornadas en la que Argentina parecía desaparecerse una vez más. 39 muertos había sido el resultado de la represión en Plaza de Mayo y otros puntos del país. De alguna de aquellas conversaciones uno de los contertulios, profesor de historia (por no decir historiador) se alegraba de haber podido seguir en vivo y en directo los incidentes en Plaza de Mayo, cuan espectador de un espectáculo circense. Ahí mismo comentó lo que hubiera sido si hubiera sido posible seguir por TV y en directo, por ejemplo, la Revolución Francesa. Ahí me vino una reflexión a la cabeza, que no me dio tiempo a exteriorizar, pero que me ha quedado grabada hasta el día de hoy: ¿Por qué los historiadores prefieren ver la realidad por TV en vez de desear participar de ella? Claro que no todos. Algunos entienden la profesión no sólo como una mera herramienta explicativa de la realidad sino como una herramienta de transformación del mundo. Yo hubiera preferido ver la realidad en persona y no por TV. Ver al mayo francés en la París de 1968, o ver los Tucumanazos estando dentro de las barricadas. Ser parte de la rebelión y no sólo un mero espectador. En esto los antropólogos son más ambiciosos en su quehacer profesional que los historiadores.

De Historiadores II

Conversando una vez con una compañera de la facultad, ésta me espetaba la siguiente afirmación (no exactamente con estas palabras): Yo no entiendo como ustedes, que estudian la historia reciente, pueden entrevistar a las víctimas, a gente que ha pasado por un trauma. Mi respuesta fue simple: Porque no puedo entrevistar a los muertos ni a los papeles de los archivos. Ahí una ventaja de hacer historia del tiempo reciente, de poder conocer a los protagonistas, de poder entrevistarles, de poder, en definitiva, generar una fuente para futuros historiadores e historiadoras, que puedan escudriñar el pasado desde el presente y el presente desde el presente de los protagonistas en primera persona. Si pudiera entrevistar a un soldado que ha acompañado a San Martín en su paseo por los Andes, ¿cómo no hacerlo? O si pudiera entrevistar a los obreros de esa Patagonia Rebelde que tan bien ha conseguido retratar el escritor Osvaldo Bayer, ¿por qué no hacerlo? O entrevistar a los indígenas cuya población ha sido exterminada a comienzo de la década de 1880 en Argentina. La memoria de los que no han podido dejar testimonio, simplemente porque no han sido dueños de su propia historia ni de los medios de difusión para narrarla.

De 1970, año del Tucumanazo, al 2007, año de un "documental necesario"

Con Diego comenzamos el trabajo de reconstrucción del pasado reciente de Tucumán con la premisa que debíamos dar cuenta de los sucesos que habían tenido lugar en la ciudad de Tucumán hace más de 30 años y que habían caído en el olvido de la población en general. La última dictadura no sólo había cargado contra los dirigentes de las rebeliones obrero estudiantiles de los años setenta, sino que había conseguido borrar de nuestra memoria la historia reciente, para construir un nuevo proceso político social. De ahí que los dictadores denominaran a su gobierno: Proceso de Reorganización Nacional. Era importante entonces borrar toda huella (física y simbólica) de los años precedentes, donde la heroicidad del pueblo argentinoa había puesto en jaque a las fuerzas del orden de otra dictadura, la inaugurada el 28 de junio de 1966 por Juan Carlos Onganía. Y esa desmemoria oficial, ese reorganizar el país, como política de Estado, había sido continuada una vez reestablecida aquella democracia de 1983, donde la infame teoría de los dos demonios, de Alfonsín y Sábato, se difundía ampliamente y era aceptada por casi todos los sectores sociales que saliendo de la dictadura, decidían dar vuelta la página de la historia del país con un manto de olvido. El fino sello de la impunidad cerraba un nuevo capítulo infame con vencedores y vencidos.
Con la premisa de recordar y hacer recordar el pasado rebelde y porque no revolucionario de nuestra provincia, comenzamos con Diego una tarea que nos ha llevado algo más de 4 años, desde que yo he comenzado las investigaciones hasta que él ha concluido con el documental, 4 años en los que sin querer queriendo hemos estado imbuidos de ese espíritu setentista. Entrevistar a los actores sociales nos retrotrajo sin desearlo 30 años atrás, y nos hizo ver la realidad que podíamos encontrar en los archivos de un diario, de otra manera. A las dificultades de conseguir un material audiovisual que respaldara los testimonios recogidos, se nos sumaba la disyuntiva de ofrecer una mirada convincente de aquel pasado. ¿Y si hubiéramos estado presentes? ¿Y si Diego hubiera podido tener imágenes propias de aquellas rebeliones? Un ejemplo de esto que digo es la tarea en la que a menudo se embarca el cineasta y documentalista Fernando "Pino" Solanas, quien ha dejado  plasmada en  el cine parte de esa historia reciente, siendo  la  Hora de los Hornos  ya un clásico del cine  argentino, pero más cercano en el tiempo,  Memoria del Saqueo, film que muestra con cierta contundencia  la decadencia de un  país que ha  sido  esquilmado, y lo muestra, cámara en mano, yendo detrás de los actores, no desde un sofá confortable mirándolo por TV.

De Cineastas e Historiadores

Las nuevas tecnologías nos permiten registrarlo todo. Los grandes medios masivos de comunicación lo saben. Y por eso registran todo, como si de un gran hermano universal se tratara. Pero registrarlo todo implica para estos medios, procesarlo todo desde una determinada posición, enviando un mensaje a la opinión pública que favorece al continuismo de un sistema cada vez más injusto y desigual. Para decirlo claro: Reorganizan el mensaje. Es posible entonces ponernos en la tarea de registrar desde un campo popular la realidad y procesarla de acuerdo a los intereses de la clase oprimida, mostrando que hay otras vías posible de desarrollo, mostrando que no es natural ni casual que existan villas miserias, que el sistema genere desempleo y no le interese ocuparse de los más desfavorecidos o los excluidos, de los nadies. Es hora, entonces que historiadores y cineastas nos comprometamos en la tarea de registrar lo que sucede en el afuera, de levantar el testimonio de los sin voz, y de producir otra historia, la historia de los que son historia por boca de los señores de la historia oficial, aquellos, para quienes, un piquete de los grandes terratenientes tiene más valor que un piquete de un desocupado, aún cuando estos sean distintos, aún cuando el primero busque mantener el sistema vigente y sostener las prerrogativas de los grandes latifundistas y el segundo procure, sino transformar el sistema, al menos mejorarlo para los sectores más desfavorecidos del reparto de la torta.

Hoy con poco dinero se puede hacer mucho. Una cámara digital en mano, un grabador y un micrófono y la intensión de registrar esta otra historia, como lo ha hecho Pino Solanas en sus documentales, o como lo hemos intentado con Diego en El Tucumanazo, solo puede ser posible cuando la voluntad de los creadores va en sentido contrario al de los grandes medios, aún sabiendo que es muy posible que estas otras visiones, no sean exhibidas en Canes. No debemos trabajar para Canes o para Holliwood, debemos sí, trabajar para el pueblo, para llegar con ese otro cine al pueblo. Simplemente para "estar ahí", donde acontece la verdadera historia. Y para dejar de mirar la historia desde una pantalla de TV o desde el papel amarillento de un archivo guardado por los sectores del poder para que se cuente su historia. Debemos asumir en primera voz la historia de los nadies, las historias de las rebeldías contra el sistema, la historia de las revoluciones, la historia de los pobres de toda pobreza. Pero desde adentro. No como simples observadores pasivos de la realidad que nos proyectan los medios por TV. Esa no es la realidad. Es apenas una sombra con un mensaje distorcionado de la realidad. Debemos en definitiva "estar ahí", dentro y no fuera. Debemos ser nosotros también protagonistas.


 

Historia y Memoria: TESIS DOCTORAL

En el País del si me acuerdo

Madres de Tucumán

 
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