R. Kotler

Diario de un Historiador

 
El recuerdo siempre de Abraham Kotler


17

de

Noviembre

Azúcar y sangre en Tucumán PDF Imprimir E-mail
Política - Política
Escrito por Rubén Kotler   

Tres obreros muertos en ingenios y una FOTIA que ya no grita


Colaboración para El Mortero 44: Leer en PDF el número 44 AQUÍ.


Que la FOTIA de nuestros días no es la FOTIA combativa de los 60/70 no es novedad. Lo que no ha cambiado es el modo de explotación en los ingenios azucareros tucumanos y la muerte por “accidentes laborales” de trabajadores de la industria sigue siendo moneda corriente en Tucumán. “El Familiar” se sigue cebando año a año, a algunos laburantes sin que el principal gremio que los nuclea se posicione contra los dueños de las fábricas azucareras. En los últimos meses dos episodios les costaron la vida a tres trabajadores de los ingenios. El primero ocurrió el 25 de julio, donde murió Julio César Abraham, con el 90 % del cuerpo, uno de los siete trabajadores que se quemaron con un líquido industrial, que hervía a 100° centígrados, mientras reparaban uno de los tres decantadores del Ingenio Concepción. El jueves 20 de septiembre, Héctor Roldán, de 33 años, también perdía la vida, producto del mismo aquel accidente en el “Concepción”. Por su parte, y un mes y medio después del incidente en el Ingenio Concepción, perdía la vida Franco Cano, un joven de tan solo 19 años, operario del Ingenio Santa Bárbara, que al igual que los trabajadores del ingenio Concepción, falleció por una causa totalmente evitable. El dueño del Santa Bárbara, Julio Colombres, solo atinó a manifestar: "Este tipo de sucesos ocurren, aunque en nuestro caso es el primero que registramos en 30 años”. Claro, para Colombres es natural perder un hombre, aunque la muerte los encuentre de vez en vez, porque cuentan, todos los ingenios, con las complicidades de las autoridades provinciales para minimizar costos garantizando la maximización de las ganancias, fiel al esquema capitalista de producción. A los dueños de los ingenios, siempre les sale más económico pagar un seguro, que garantizar, por lo menos, la integridad física de los ya suficientemente explotados trabajadores del azúcar. 

La FOTIA y su “último grito”

En su libro sobre la última gran huelga de la FOTIA en 1974, el periodista Marcos Taire[1] recupera la memoria de una tradición de lucha, que tuvo a la Federación de los Obreros del azúcar como uno de los principales protagonistas de las luchas obreras del país. Hoy, la burocracia de la FOTIA, está en manos de Roberto Palina, su Secretario General. Según un informe elaborado por el PTS Tucumán, a Palina, quien ya no trabaja ni en la zafra ni el ingenio, le depositaron recientemente $7600 de Azucarera Terán, y $18400 como directivo de la Obra Social, sin contar además un cargo dentro del gobierno del kirchnerista Alperovich, mientras goza una licencia como legislador. Palina, un radical devenido en dirigente sindical, está muy lejos de poner el cuerpo y el alma en la lucha por la defensa de los derechos de los trabajadores. Palina está en la vereda de enfrente de dirigentes históricos y luchadores como Leandro Fote, Atilio Santillán o Benito Romano, y ante cualquier “incidente” que perjudica a los trabajadores, no duda en colocarse a la par de la patronal. Palina, está muy lejos de Hilda Guerrero de Molina, asesinada en 1967, tras una movilización en el ingenio de Santa Lucía, por defender los derechos de los trabajadores. “El último grito” quedó allá lejos en el tiempo y hoy, en lugar de paralizar la producción con grandes huelgas, Palina justifica los accidentes en los que mueren los trabajadores justamente echando culpa de la inoperancia de éstos, mientras sin pudor alguno, viaja a las Vegas a disfrutar de su “luna de miel”.

Queda claro que el férreo control social y la falta concreta de una alternativa de izquierda dentro del gremio de la FOTIA, hace que el “familiar” año a año se lleve dos o tres trabajadores sin que la dirigencia le haga una demostración de fuerza a los poderes de turno. Atrás quedaron los años más combativos de la FOTIA y quizás, como hipótesis, no nos equivoquemos al afirmar que en el largo plazo, los efectos devastadores de la última dictadura, llegan a nuestros días, donde obreros del azúcar mueren mientras sus representantes gremiales disfrutan de las “mieles” del poder en Las Vegas.


[1] Taire, Marcos: El último grito. 1974: Crónica de la huelga de los obreros tucumanos de la FOTIA, Ediciones del Pago Chico, 2008, Buenos Aires. Altamente recomendado por el autor de las presentes líneas. Recomiendo leer también de Graciela del Valle Romano: Benito, Azúcar y Sangre, sobre la huelga de la FOTIA de 1959 y el histórico dirigente Benito Romano.



 

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