R. Kotler

Diario de un Historiador

 
El recuerdo siempre de Abraham Kotler


Mar

06

de

Marzo

La memoria al resguardo de los archivos digitales PDF Imprimir E-mail
Historia - General
Escrito por Rubén Kotler   

Antes de comenzar las reflexiones que siguen, debo agradecer personalmente a José María Rodríguez Arias, que desinteresadamente hizo un gran esfuerzo por restituir el sitio web que alberga los archivos del SiTraC, aquel sindicato cordobés clasista y combativo de los años 70, que junto al SiTraM pusieron a la dictadura de aquellos años contra las cuerdas en más de una oportunidad. 

 
por Rubén Kotler

Sobre el archivo del SiTraC en la web

Cuando hace unos tres años Pablo Pozzi me acercó el DVD con los archivos del SiTraC y me preguntó qué podíamos hacer con ello, no imaginaba la magnitud ni la responsabilidad que tendría al proponer la realización de un sitio web que alojara dicho material. Como historiador, tener acceso a un archivo es siempre un valor agregado y es la posibilidad de hundirse en la historia, bucear en la memoria e indagar en los restos arqueológicos de un tiempo distinto al nuestro.

Lo del sindicalismo clasista cordobés de los años 70 me quedaba lejos en interés, en prioridad y desde ya que en conocimiento. Sabía sí, del Cordobazo – inevitable alusión al Tucumanazo, sobre el cual había indagado – y sabía, muy por fuera de mis conocimientos reales, de la existencia de los sindicatos clasistas que habían intentado poner a parir otra relación social en la Córdoba setentista. Promediando el 2010 y con ayuda de José María montamos el sitio y con paciencia fuimos subiendo los casi 4 gigas de documentos que alberga el archivo digital. El plan, dispuesto por Susana Fiorito, quien había puesto en resguardo los papeles (merece un capítulo aparte) era que los archivos estuvieran a disposición pública pero que no se lucrara con ellos. Fueron muchas horas de trabajo militante. Mi idea era que si una persona pudo jugarse la vida por salvar esos archivos y hoy quería ponerlos a disposición pública yo debía colaborar para cumplir con ese objetivo. Los militantes del clasismo cordobés no miraban el reloj cuando participaban en una asamblea y esto debía ser una enseñanza para mí. Y lo fue, pues me tomé el trabajo de contribuir con el sitio de manera militante, como trabajamos en historia quienes  asumimos el compromiso de indagar sobre temas vinculados al campo popular.

Entre los avatares del sitio habría que narrar que tuvimos que darle de baja y estuvo más de medio año fuera de la web. Con Susana preguntando a cada momento y yo requiriendo a cada instante que José los repusiera. La cadena era sencilla. Yo más que nadie quería ver los archivos nuevamente en la web y mi felicidad, al verlos al fin re-publicados fue tan grande como cuando dije por primera vez que el archivo digital del SiTraC estaba on line.

Una memoria que no tiene cabida en el Estado

El Estado argentino nunca se preocupó por el tema archivos. Diría que nuestra cultura argentina no se interesa por los archivos. Quizás sea una generalización peligrosa y cuestionable, de esas que no me gustan hacer, pero entiendo que en nuestro país, la memoria de la historia reciente, es un campo de disputa entre un relato oficial que busca permanentemente tapar bajo la alfombra lo que incomoda y los sectores populares que buscan debajo del tapete las referencias históricas de la lucha popular.

En 2001, la izquierda sobre todo, denominó “Argentinazo” a la protesta que terminó con el gobierno de la Alianza, en clara alusión a los movimientos como el Tucumanazo, Mendozazo o Cordobazo, que sacudieron los cimientos políticos del país en los 70. Independientemente de que podamos o no acordar con el uso de tal terminología para los sucesos del 19 y 20 de diciembre de 2001, lo cierto es que en el imaginario de un determinado grupo, aquellos episodios que se cargaron al gobierno de De la Rúa, tenía claras referencias a los movimientos de protesta obrero – estudiantil de los 70. Pero ¿dónde hallar tales referencias?

Los relatos solo pueden estar presentes en las fuentes que usa el historiador para el análisis del periodo en cuestión. Ante la ausencia de las fuentes documentales escritas, el historiador retornó a las raíces de la investigación histórica y recurrió entonces a las fuentes orales para encontrar, en el testimonio, lo que no podía encontrar en los documentos escritos. Sencillamente porque NO encontraba tales documentos. Cuando los “papeles” fueron saliendo a la luz, el testimonio oral fue una suerte de complemento del testimonio escrito y se vio fortalecido en el cruce de fuentes.

Sin embargo el problema que seguían teniendo los historiadores, sobre todo bien entrada la transición, es la falta de archivos públicos donde consultar tales documentos. Además, muchos de estos “papeles” se encontraban en ámbitos privados, al abrigo de los militantes de las organizaciones que los crearon o sepultados al resguardo de las distintas dictaduras que pretendieron borrar toda huella del pasado. Convengamos también que los gobiernos de la larga transición vigilada no se preocuparon demasiado (por no decir que no se preocuparon en nada) por revolver el pasado reciente.

No fue sino por el interés particular de proteger estos “papeles viejos” y en algún momento darlos a conocer, como se salvaron de la hoguera. Para quienes estudiamos el periodo de la historia argentina que abarca las dos últimas dictaduras militares, dar con estos documentos, supone todo un hallazgo. Sin embargo, y volviendo a la cuestión del Estado, las distintas administraciones que siguieron a la dictadura, nunca procuraron ordenar y sistematizar un gran archivo histórico de esos años o bien, contribuir a la constitución de distintos archivos con apoyo económico y formación de profesionales sobre cómo hacerlo. En algunos casos se trató más bien de la intuición y las ganas de preservar la historia que la sapiencia de cómo ordenar, catalogar y poner a disposición de quien lo quisiera dichos archivos. Insisto en afirmar que es parte de una cultura argentina, donde los papeles viejos valen más en la recicladora que en una caja archivera. Y lo digo con conocimiento de causa al trabajar en un archivo de una institución que poca atención presta a sus propios “papeles”, papeles que en múltiples casos son canjeados por monedas para comprar elementos de limpieza. ¿Se imaginan que los papeles del SiTraC, hoy a nuestra disposición, hubieran sido enviados a la recicladora por monedas?

El kirchnerismo y las paradojas de la memoria

El Kircherismo entendió pronto el reclamo de cierto sector de la sociedad por la revisión del pasado reciente. Memoria, derechos humanos, dictadura, juicios, fueron las palabras claves de los primeros años desde la asunción del ex presidente en 2003. Se destinó una cantidad importante de dinero y otros recursos a la ejecución de obras y planes vinculados a una supuesta política de derechos humanos integral. Y digo supuesta porque hay múltiples grietas y cuestionamientos que uno podría hacerle a la mencionada política de derechos humanos pero que en este artículo no vienen al caso. Lo cierto es que se incentivó la constitución de instituciones de “la memoria” como los archivos o los museos provinciales, se dispuso de programas educativos y material didáctico, todo fogoneado por algunas organizaciones de derechos humanos, las cuales fueron cooptadas por el gobierno de turno. Uno podría decir que hasta aquí, sería incluso deseable que el Estado se involucrara y se diera una política que incentive la revisión del pasado; lo que de ninguna manera es aceptable es que el Estado y quienes lo administran lucren con la memoria y decidan quiénes son merecedores de subsidios y quiénes no. Sobre todo cuando en esa memoria están incluidos los 30.000 desaparecidos. El pasado, dicho de otro modo, pertenece al conjunto de la sociedad y una política integral de archivos debería contemplar el resguardo de la totalidad de los mismos y no solo de aquellos que nos sirven políticamente.

Pero, por otro lado, también es cierto que no todo pasado fue Montonero o peronista, aunque es verdad, que lo que se pretende ocultar, una vez más, es la historia de lucha de obreros, estudiantes y sectores movilizados no solo contra las feroces dictaduras militares sino contra un modo de explotación particular como es el capitalismo. En este sentido, intuyo que resguardar la memoria de las luchas del SiTraC, como sindicato clasista, no sería muy conveniente cuando desde el poder se habla de “capitalismo en serio”. Conviene decirlo sin eufemismos, la gestión kirchnerista usa la simbología setentista para caer bien a un determinado sector de la sociedad, pero en la práctica, han sido continuadores no solo de políticas concretas de un orden social establecido, sino de políticas de la memoria. Lo que no sirve a los intereses del aparato estatal ha sido puesto bajo la alfombra como basura y sentenciado al olvido. Pero ¿es posible que el olvido oficial gane la batalla por conservar la memoria de la lucha popular?

Revisar el pasado a la luz del presente

Por suerte no todo es negro en el panorama del resguardo de las fuentes documentales. De la mano de una militancia consecuente y comprometida por el pasado reciente, las nuevas tecnologías nos permitieron avanzar en la constitución de espacios virtuales para la colocación de los “archivos de papel”. El entrecomillado de la palabra archivo tiene que ver con que los papeles sueltos, por más que pertenezcan a un conjunto de documentos similares, de por si no representan un archivo. No voy a explicar teóricamente qué es un archivo, pero sí en esencia que tales papeles en la web, son dispuestos con un ordenamiento tal, y con unos objetivos determinados que bien merecen ser llamados archivos. Lo que es cierto, es que sin subsidio del Estado el trabajo que hacemos los que administramos estos espacios es un trabajo absolutamente militante, desde el trabajo de digitalización, la consecución del espacio en servidores y su sostenimiento o la misma disposición de los archivos en la web, todo lo que supone un esfuerzo de tiempo y dinero que no siempre es valorado por el conjunto social. Otro elemento clave es que no buscamos el lucro con estas puestas sino la socialización del conocimiento de la historia.  

Un ejemplo de esto es el principio manifestado por los historiadores que administran el sitio “El Topo Blindado” que recupera los documentos de las organizaciones político-militares de los 70: “Nuestro propósito es contribuir a la difusión de los documentos elaborados por las distintas organizaciones (…) o que confluyeron en ellas, aportando para el caso la socialización de aquellas fuentes a las que hemos tenido acceso -y las que vayamos consiguiendo- para ser utilizadas por toda persona interesada, cualquiera sea el punto geográfico en el que se halla y sin costo alguno. Por otra parte, la socialización de las fuentes por este medio contribuirá, también, a la definitiva supervivencia de las mismas.”

Un balance necesario

Los resultados vista son favorables en la puesta en marcha de tantos proyectos archivísticos aún sin la colaboración estatal. La independencia de disponer de ellos, compartirlos, socializarlos y organizarlos no va a depender por lo tanto de los avatares políticos de la coyuntura. Los archivos seguirán en la web aún cuando se desarrollen políticas netamente de olvidos, como las que tuvimos en los años 90. Por otra parte, esta disposición permite a los investigadores acceder a fondos documentales que de otro modo sería imposible dada la inexistencia de archivos “físicos” que los resguarde. Permiten una mejor socialización de los documentos al tener acceso gratuito y público para quien los desee consultar sin importar la geografía. No es un dato menor el que uno pueda descargarse un ejemplar del periódico de la GCT de los argentinos desde su hogar o desde una PC pública. Y no solo bajarlos, sino también almacenarlos en cualquier otro soporte digital para su accesibilidad posterior. Es así como han aparecido los distintos proyectos de archivos digitales que permiten el acceso a documentos valiosísimos de una historia de la militancia setentista en todo su espectro. Alguno de estos sitios que merecen ser mencionados son:

El Topo: http://eltopoblindado.com/

El diario de la CGT: http://www.cgtargentinos.org/

Ruinas Digitales: http://www.ruinasdigitales.com/

SiTraC: http://sitrac.historiaoralargentina.org

Hay otros sitios de igual valía, sin embargo creo que estos proyectos se destacan por la calidad de los documentos aportados, por la cantidad y porque detrás hay una clara intención de echar luz sobre un pasado que aún hoy parece permanecer a oscuras. Estos proyectos nos invitan a descubrir el pasado para confrontarlo, para debatir y finalmente para saber cómo ha sido posible estar como estamos hoy. Mientras haya manos militantes capaces de sostenerlos podremos prescindir del Estado y podremos saber que no habrá intención de lucro detrás, sino un genuino interés por dar a conocer la historia reciente argentina. Los archivos digitales con el tiempo seguramente se multiplicarán en la misma medida en que aparezcan nuevos documentos y que éstos a su vez caigan en las manos acertadas de quienes con intención militante están dispuestos a dejar horas de trabajo y algunos hasta dinero con el fin de hacerlos públicos.

Por último un anhelo personal. Quizás no sea utópico pensar en que con el tiempo podamos crear ese gran archivo de la historia reciente de nuestro país. Por lo pronto una Red de archivos va tejiéndose y va consolidándose en espacios de encuentros. Esta reunión de archivos enlazados unos con otros, son los que finalmente contienen nuestra historia y da sentido a la visión de un futuro distinto, como el que soñaron miles y miles de militantes setentistas. Sus ideales están contenidos en estos sitios virtuales y nos llama a nosotros, investigadores y sociedad en general, a abordarlos y construir un relato distinto del relato oficial. La memoria queda entonces resguardada en estos archivos digitales. Para la consulta pública. Para sacar de debajo de la alfombra la historia silenciada por el gobernante de turno.



 

Historia y Memoria: TESIS DOCTORAL

En el País del si me acuerdo

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