R. Kotler

Diario de un Historiador

 
El recuerdo siempre de Abraham Kotler


En recuerdo de Abraham

El mercado de Abasto y el ritual de cada sábado

E-mail Imprimir PDF
En recuerdo de Abraham (IV) 

Un artículo en el principal periódico de Tucumán me recordó a mi viejo. La nota en sí narra la historia del ya desaparecido mercado de Abasto, y a mí me retrotrajo a la infancia y a la vida cotidiana en la familia. A mi viejo, que desde siempre le gustó ocuparse de las compras hogareñas, ir al mercado los sábados en la mañana, para la compra de verduras y fruta semanal, siempre le produjo un particular placer. Solo o acompañado, cada sábado partía en el auto y se perdía, en el vasto mundo del mercado unas 4 horas. Lo que sigue entonces es el recuerdo de aquellos años en los que, por ser el hijo varón, me tocaba acompañarlo e interactuar con él, en ese mundillo donde, entre olores y ruidos, propios del mercadeo, fortalecíamos nuestro propio vínculo de padre e hijo.

Cada sábado se repetía la rutina. Tras el desayuno, preparaba las bolsas, sacaba el auto y se disponía a partir rumbo al mercado de abasto. Solo, acompañado por mi madre o por mí, era un ritual que no podía perderse. Al llegar, lo primero era cotejar los precios, entre los minoristas y luego en el gran mundillo de los mayoristas. Le gustaba elegir la mercadería y así podía pasarse el día buscando las mejores manzanas o las mejores naranjas. Los puesteros, como de costumbre, ya lo conocían, como conocían a cada comprador habitual. Aquel vende las mejores papas, aquel otro tiene los mejores choclos. Se trataba de un ritual que mezclaba el placer de comprar las vituallas para la semana con la socialización con los puesteros. Hablaba con uno, hablaba con otro y así transcurría la mañana. Cuando íbamos de a tres, acompañados por mi madre, a la mitad de la jornada nos alegrábamos con un típico asadito árabe o bien con un sanguche de milanesa acompañado por una Coca o una Pepsi. Las sangucherías dentro del mercado y en los alrededores no eran un ejemplo de limpieza, pero era lo típico del lugar y tenía ese sabor especial que uno no encontraba ni en el restaurante más dispuesto. Son los aromas del mercado, esos que se confundían entre el sudor de los changarines con el fétido olor de la fruta podrida.



Leer más...
 

Un 5 de octubre de 1974

E-mail Imprimir PDF
En recuerdo de Abraham (III)


Muchas cosas me atan a mi viejo. Y he heredado una cantidad inmensa de ellas. Una, quizás la más curiosa pero al mismo tiempo una de las más significativas, su fecha de cumpleaños. Aunque en su DNI fue anotado un 7 de octubre, mi viejo nació un 5 de octubre de 1931. Había descubierto, hasta no hace mucho tiempo, que había nacido mucho tiempo antes que se inaugurara el hipódromo de Tucumán. Cosas de la vida y del tiempo. Llegó a viajar en el tranvía, del cual pueden encontrarse algunas huellas en Tucumán, sobre todo de las vías  y siempre tenía alguna anécdota al respecto. Pero lo que aquí quiero remembrar es un suceso siempre mencionado por él, al recordar, justamente, el día de mi nacimiento.

No sé si esperaba que “su hijo varón” naciera el mismo día de su cumpleaños pero así fue. Ese mismo día, un 5 de octubre de 1974 defendía el título Monzón contra Mundine. Si bien el boxeo nunca fue una atracción en casa, aquella pelea ha sido recordada siempre en cuanta reunión familiar o social había. Yo debía nacer cualquier día de octubre. Incluso, podría haber nacido un 17 de octubre. Para quienes me conocen y conocen cómo pienso, nacer un 17 de octubre hubiera sido un oxímoron imposible de resolver – ideológicamente hablando -.



Leer más...
 

Celebración de la amistad

E-mail Imprimir PDF
En recuerdo de Abraham (II)
 
Dedico este recuerdo muy especialmente a Ana Gabriela, que imagino lo hará suyo y lo guardará en el arcón de los bonitos recuerdos.
 

El año 2004 nos encontró a mi viejo y a mí, juntos en Buenos Aires. Él había viajado por un par de meses para un tratamiento médico y yo estaba en la “gran ciudad” para hacer un posgrado. Vivimos poco más de mes y medio un acercamiento a nuestra relación padre – hijo que fue realmente importante, al menos para mí. Pudimos compartir como amigos de una cantidad de experiencias, desde salidas a comer, idas al cine o largas caminatas que se transformaban en charlas varias sobre la vida. Estando en Buenos Aires, mi padre recuperó la relación con alguno de sus primos, a quienes hace mucho no veía. Y allí íbamos juntos a esas reuniones de café donde los Kotler / Kotlar se abrazaban al recuerdo de sus infancias. Sin embargo aquí, siento la necesidad de relatar los encuentros que tuvimos con una amiga íntima de mi padre, amiga que él sentía como una hermana. Sé que el sentimiento era compartido pues para “Cuta”, mi viejo era “Abrahamcito”, ese diminutivo cariñoso que solo dos hermanos pueden proferirse.

Viajábamos en el tren hasta Castelar. Sí, en ese que ahora se ha transformado trágicamente en el famoso ferrocarril Sarmiento. Yo era la primera vez que visitaba esta parte de la provincia de Buenos Aires. Al llegar, el ritual de los abrazos y las sonrisas se repetía. Mi viejo, Adelqui y Cuta, como si se vieran siempre. Cada uno de los poquitos encuentros fue intenso. Hablaban de todo: la infancia, el pasado lejano y cercano, los hijos, la dictadura, del “negro Garmendia”, casi un hermano para mi viejo y de “Sarita”, mi madre. Hablaban de la vida pues estaban celebrando la vida. Y yo, testigo de aquella celebración, festejaba con ellos la amistad sellada en la infancia, festejaba sin más las charlas que me trasladaban a un tiempo en el que no había nacido, claro, pero al cual me transportaban en el recuerdo de cómo se había forjado esa amistad, cómo era mi viejo en su infancia o adolescencia, como era su vida cotidiana.



Leer más...
 

En recuerdo de Abraham, mi viejo, mi guía

E-mail Imprimir PDF
Hace dos meses y días que mi viejo se fue. Prefiero pensar que no ha sido una partida para siempre y que por el contrario, lo tendremos vivo en el recuerdo de la extraordinaria persona que fue. Hombre justo, ética y humanamente, dio absolutamente todo por los suyos. Desde mi diario quiero recuperar aquellos recuerdos de parte de lo vivido con mi viejo, recuerdos que afloran en cada momento, cuando veo una foto, cuando recupero una diapositiva o termino de editar algún video familiar. En estos días vamos ocupando el espacio dejado por él con fotos suyas que nos hará tenerlo presente a cada instante. A la hora del almuerzo, mientras veo un partido de fútbol, mientras preparo un asado familiar, de esos que compartíamos con él. Serán entonces una serie de escritos desde el corazón para compartir con mis amigos pequeños fragmentos de una vida muy intensa. Como hijo llevo orgulloso su apellido y sé que su luz va a guiar mi vida en cada momento.


Fútbol (I)

Quizás porque fui el único hijo varón he compartido con mi viejo la pasión futbolera. Inevitable: Boca y Atlético Tucumán. Por añadidura mi viejo era de Peñarol. Y yo no podía escoger otros colores. Creo, según ha pasado el tiempo, que mi viejo era un poquito más de Boca que de Atlético. Si bien en los últimos años y con la mercantilización extrema del deporte, mi viejo había dejado de ver los partidos y ya no seguía de la misma manera a los clubes de sus amores. Sin embargo cuando yo le pedía que recordara como era aquel Boca de los 40 o 50, era capaz de nombrarme el equipo titular de memoria. Creo, sin miedo a equivocarme, que toda su generación, de los amantes futboleros, podían repetir cada equipo sin equívocos, pues los equipos no mutaban y los jugadores raramente se vendían de un torneo a otro al mejor postor.



Leer más...
 

Historia y Memoria: TESIS DOCTORAL

En el País del si me acuerdo

Madres de Tucumán

 
Descarga el PDF clickeando
en la imagen.

Seminario en Puebla (México)

Haga Click para acceder a la info.

Mis escritos en...

 
 
 
 
  

Redes

 
http://3.bp.blogspot.com/_QmNYEeBnqPA/Sgk4VqGdwZI/AAAAAAAAACA/SOm9dnaQ9j8/S190/logoahora.jpg
 
Ver contenido por hits : 565093

Dailymotion/rubenko742000

 
 
 
 
 
 

YouTube/rubenko742000