Publicado originalmente en: DIAI
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Una vez más la memoria de los desaparecidos nos interpela
Los sentimientos son contradictorios: “Es una tristeza que me robaran tiempo de estar con mi madre, pero una alegría el saber dónde está ahora”
Hace un poco más de un año escribía un artículo en el cual sostenía que la memoria de los desaparecidos nos interpelaba. En ella narraba la historia de Juan Carreras, estudiante oriundo de la ciudad catamarqueña de Belén y miembro del cuerpo de delegados de la carrera de bioquímica, desaparecido en 1976, secuestrado de un edificio de la propia Universidad Nacional de Tucumán, por una patota a las órdenes de los dictadores que “gobernaban” entonces en la República Argentina.
Poco más de un año después, la historia de “otro” Juan y la memoria de los desaparecidos, vuelve a interpelarnos. Es 31 de diciembre de 2010, vísperas de un nuevo año y un mail llegado a mi casilla un par de días antes me evoca una vez más a la memoria y me convoca en el encuentro con Juan José Cazorla, hijo de Mercedes del Valle Morales, secuestrada y desaparecida por los genocidas en 1976. 34 años después Juan consigue que el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) descubra, de los restos hallados en el cementerio del Norte, la identidad de su madre, y él mismo, pueda ahora, cerrar una historia que comenzó a indagar allá por el 2005. Hoy le cierra A Juan, un capítulo con la “triste alegría”, según sus literales palabras, de poder dar sepultura a su madre y tener un sitio dónde llevarle al menos, un ramo de flores.