Wed

17

Dec

2008

Bush: entre los zapatos y las botas Print
Written by Rubén Kotler   
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Publicado en De Igual A Igual
 
 
El reciente incidente tras la visita del máximo responsable de la muerte de miles de iraquíes en la mesopotamia es un excelente llamado de atención acerca del desprecio que despierta  en su contra G. W. Bush en todo el mundo. Un par de zapatos arrojados al emperador han sido la clara señal que la presencia del presidente estadounidense es repudiada allí a donde va y mucho más si se trata de una visita al país dominado por las botas norteamericanas. La sacó barata G. W., el pueblo iraquí en cambio, está pagando con sangre las botas que Bush le ha arrojado desde hace más de cinco años.

"Entre un par de zapatos y miles botas", podría ser el título de un libro que explique la relación de Estados Unidos con el mundo, relación de odio que el presidente saliente se ha encargado de profundizar. Dicen los comentaristas que en la tradición árabe arrojar un zapato es señal de desprecio. En la tradición occidental enviar botas a otro país es una señal de dominación. He aquí la clara diferencia entre un simple par de zapatos y miles de botas de destrucción masiva. Para Bush y sus aliados occidentales no es nueva la señal de desprecio. Allí donde el emperador viaja recibe el repudio generalizado de los pueblos, no el de los mandatarios que se apresuran a rendirle culto y se someten al amo, si no el de la gente de a pié que ve expoliadas sus riquezas a sangre y fuego. Resulta insultante al sentido común que el periodista iraquí haya sido detenido mientras el responsable de la muerte de miles de iraquíes sale custodiado con guardia de honor acompañado por el títere elegido como presidente en el país mesopotámico. Si un par de zapatos sirven para volver a poner en el punto de mira de los medios de comunicación el horror de la guerra en Irak bienvenida sea la acción del periodista iraquí. Si de lo contrario se va a banalizar la acción y se va a ridiculizar el mensaje, pues de nada habrá valido que al emperador se le arrojen un par de zapatos en señal de desprecio.

Pero la historia enseña. Y las lecciones de la historia deberían servir para comprender nuestro presente y observar qué futuro deseamos. A días de la salida de Bush del poder omnipresente de primer mandatario de Estados Unidos / Imperio y del mundo / sometido, las fuerzas progresistas del globo deberían comenzar a pensar en sentar en los tribunales internacionales al criminal y juzgarlo por crímenes de guerra, tal y como se hizo en Nüremberg cuando se juzgó a los jerarcas nazis luego de la Segunda Guerra Mundial. Un zapato al aire es una clara señal simbólica del desprecio que despierta un nefasto personaje como Bush, pero es solo eso, un símbolo y nada más. El desprecio por la vida humana demostrado tras ocho años de gestión al frente de la Casa Blanca, debe ser castigado en tribunales internacionales con el debido proceso que vuelva a servir de ejemplo a presentes y futuros mandatarios sobre lo que no debe hacerse en nombre de la civilización. Para que cunda el ejemplo debe someterse a juicio al criminal y ofrecerle todas las garantías que se pueda defender y si es hallado culpable el debido castigo debe cumplirse a rajatabla. Lo real y lo concreto es que un zapato al aire es una señal inequívoca que el mundo ya no acepta las miles de botas que se envían en nombre de la civilización occidental y cristiana, simplemente porque detrás de cada bota de un soldado estadounidense se esconde una víctima inocente, derramamiento de sangre al servicio del Imperio.

Yendo más allá en el desafío, la Organización de Naciones Unidas, que acaba de "celebrar" el 60 aniversario de la declaración universal de los Derechos Humanos, podría redimirse de todos sus pecados y funcionar como verdadero organismo internacional que garantice los derechos humanos y podría asumir el riesgo de pedir el juicio del criminal. Seguramente esto no sucederá y se confirmará la hipótesis de quienes sostenemos que la ONU tal y como está diseñada solo sirve a los intereses del imperio y por lo tanto también debe ser sentada en el banquillo de los acusados. Si los líderes mundiales han entendido el mensaje de los zapatos, comprenderán que no solo el mundo árabe desprecia al imperio y por lo tanto a su emperador.  Si la hora de la justicia burguesa no llega, será entonces el momento de dar lugar a millones de pares de zapatos, no arrojados al azar, sino caminando las calles del mundo, manifestando el juicio de los pueblos contra el criminal. Multiplicar los pares de zapatos entonces, debe ser el mandato de nosotros, ciudadanos de a pié para poner freno al crimen y al horror, tanto los pasados, como los presentes y futuros, aquellos que amenazan con invadir con botas nuevas fronteras. Si la alegoría de los zapatos nos sirve de ejemplo, entonces habrá valido el arrojo del joven iraquí, de lo contrario no pasará de ser una triste anécdota, aquella transformada en videos juegos y bromas. Ojalá cunda el ejemplo y el mensaje llegue a los oídos del mundo. Por el bien del pueblo iraquí, por el bien del pueblo afgano y por el bien de todos los pueblos que sufren el acoso de las botas.