Estos ya se leyeron el manual y lo conocen de memoria
El presente decálogo para kirchneristas principiantes estará disponible en los sitios oficiales del gobierno para ser descargado pronto, y será repetido en todos los cortes publicitarios de fútbol para todos por el nuevo escriba K: Marcelo Araujo. El presente decálogo fue elaborado gracias a la sesuda tarea de Orlando Barone, maestro en el periodismo militante.
1) Memorizar el siguiente silogismo: Los zurdos son todos iguales, El PCR apoyó al campo en el 2008, el PCR es zurdo, el PO es zurdo, ergo: el PO apoyó al campo en 2008. 2) Si alguien procura correrlo por izquierda dígale que le está haciendo el juego a la derecha. 3) Si Macri rechaza una medida "progresiva" de nuestro gobierno y luego el PO o el PTS la rechazan, el PO y el PTS son macristas. (nunca pierda el tiempo leyendo los argumentos del zurdaje) 4) El troskismo es una cosa ininteligible que, por no haber sido gobierno nunca, es utópica.
En De Igual A Igual publicamos hoy una serie de notas y otras producciones referidas al primero de Mayo, muy recomendables todas ellas. La primera, una reflexión vivencial del historiador Pablo Pozzi sobre un primero de mayo en Nueva York; La segunda, apuntes sobre el primero de mayo, del historiador Leónidas "Noni" Ceruti; La tercera propuesta es una producción audiovisual de TV PTS; La cuarta entrada es un rejunte de periódicos combativos anarquistas y otros. Por último, la tira del día de la fecha de Igualito, nuestro personaje en De Igual A Igual.
Junto a Gabriel Rot, presentamos el viernes 20 de abril en la sede de ADIUNT dos proyectos que recuperan la memoria de nuestra historia reciente: el sitio del SiTraC y del Topo Blindado. Comparto video realizado por la oficina de prensa del gremio ADIUNT, gremio al que agradecemos la posibilidad de haber podido organizar esta actividad.
Estoy involucrado en cuatro proyectos, vinculados y no entre sí y los comparto con los visitantes de este sitio. El primero es el sitio que llevamos adelante con José María, DE IGUAL A IGUAL; el segundo es la Red Latinoamericana de Historia Oral, proyecto colectivo que nuclea a colegas de todo el continente que trabajan en el campo de la historia oral; el tercero, vinculado al cuarto, la Asociación de Historia Oral de la República Argentina, nacida allá por diciembre de 2004 y cuyos proyectos no han parado de crecer; el cuarto es la revista de historia oral de la Asociación, TESTIMONIOS, que ya va rumbo al tercer número.
Un artículo en el principal periódico de Tucumán me recordó a mi viejo. La nota en sí narra la historia del ya desaparecido mercado de Abasto, y a mí me retrotrajo a la infancia y a la vida cotidiana en la familia. A mi viejo, que desde siempre le gustó ocuparse de las compras hogareñas, ir al mercado los sábados en la mañana, para la compra de verduras y fruta semanal, siempre le produjo un particular placer. Solo o acompañado, cada sábado partía en el auto y se perdía, en el vasto mundo del mercado unas 4 horas. Lo que sigue entonces es el recuerdo de aquellos años en los que, por ser el hijo varón, me tocaba acompañarlo e interactuar con él, en ese mundillo donde, entre olores y ruidos, propios del mercadeo, fortalecíamos nuestro propio vínculo de padre e hijo.
Cada sábado se repetía la rutina. Tras el desayuno, preparaba las bolsas, sacaba el auto y se disponía a partir rumbo al mercado de abasto. Solo, acompañado por mi madre o por mí, era un ritual que no podía perderse. Al llegar, lo primero era cotejar los precios, entre los minoristas y luego en el gran mundillo de los mayoristas. Le gustaba elegir la mercadería y así podía pasarse el día buscando las mejores manzanas o las mejores naranjas. Los puesteros, como de costumbre, ya lo conocían, como conocían a cada comprador habitual. Aquel vende las mejores papas, aquel otro tiene los mejores choclos. Se trataba de un ritual que mezclaba el placer de comprar las vituallas para la semana con la socialización con los puesteros. Hablaba con uno, hablaba con otro y así transcurría la mañana. Cuando íbamos de a tres, acompañados por mi madre, a la mitad de la jornada nos alegrábamos con un típico asadito árabe o bien con un sanguche de milanesa acompañado por una Coca o una Pepsi. Las sangucherías dentro del mercado y en los alrededores no eran un ejemplo de limpieza, pero era lo típico del lugar y tenía ese sabor especial que uno no encontraba ni en el restaurante más dispuesto. Son los aromas del mercado, esos que se confundían entre el sudor de los changarines con el fétido olor de la fruta podrida.